SEbastian Escultor

Cercano a la frontera norte, en un  pueblito ubicado en las tierras que se extienden entre los ríos Conchos y Florido, el destino quiso que el  16 de noviembre de 1947  Enrique Carbajal abriera los ojos al mundo en el mismo sitio donde  años antes lo hiciera el gran David Alfaro Siqueiros: Cd  Camargo, Chihuahua –con sus cielos abiertos y vistas cuasi desérticas–  vio nacer, por segunda vez, a uno los artistas mexicanos  más reconocidos a nivel mundial.

Bautizado con el nombre de Enrique Carbajal, fue desde siempre un ser intuitivo, de pequeño recorría con su bicicleta la distancia que separaba su casa del río Conchos, para regresar cargado con cubetas de barro  que usaba para modelar, sus obras favoritas eran las esferas. Su primer acercamiento académico al arte fue a través de los libros: de mente inquieta e inteligencia curiosa, sus modelos a seguir: los grandes genios del Renacimiento, mentes extraordinarias en donde  arte y ciencia eran la misma cosa.

Concluida la Escuela Secundaria, en la que tomando cursos de dibujo, decide mudarse a la Ciudad de México.  Sin tener donde vivir, ni un peso en la bolsa, y sin nada más que las ganas y el talento, Enrique llegó  a la capital en 1964  para iniciar sus estudios de  Artes Plásticas en San Carlos.  A su llegada lo recibe una urbe convulsa donde trabaja de lo que puede: en un restaurante, de repartidor  en una notaria y tocando el güiro en los camiones. Fue el tiempo como alumno de la Academia, que sin duda alguna, marcó un antes y un después en su vida y su arte; lo llevó incluso, a transformar su propio nombre. Es  por esos días  que Enrique  deja de ser Enrique para dar paso a el Gran Escultor Sebastian.

 

Todo comienza cuando se queda dormido en una clase de pintura  y el maestro le toma de modelo, como un San Sebastián de Botticelli . Un par de

años más tarde, en una cena ofrecida  por los republicanos españoles a Luis Echeverría Álvarez – a la que Enrique Carbajal es invitado como artista

joven– el poeta Carlos Pellicer se acerca a Enrique y le comenta: usted parece salido del Sebastián de Botticelli. Poco después una periodista francesa

lo describe como un Sebastián de Mantegna. Imposible desoír tantas señales... Enrique Carbajal adopta el nombre que lo hace famoso: Sebastián,

susceptible de ser pronunciado sin mayores diferencias en casi todos los idiomas. Y con el paso del tiempo, lo hizo más universal al usarlo sin acento:

Sebastian.(…)Al comienzo –cuenta Sebastian– todo el mundo me preguntaba: ¿Sebastian, que?, pues lo que hice fue nada más agregar un apellido:

Sebastián Escultor”.[1] 

 

La primera  obra escultórica que le dio verdadera fama fue el Rosetón Victoria, en 1967. La originalidad estética residía en la posibilidad de sus formas a través de la  manipulación. Fue un producto directo de su vocación constructiva, en la que confluyeron además los  valores del arte cinético y el arte participativo. A estas creaciones  se les conocerían como Transformables.

Junto  a ellos, su producción más representativa es la monumental, esa que se apropia de los espacios urbanos, que se ve desde lejos y sirve de referente para quienes transitan por ahí. Sebastián quería construir esculturas para ésta época, iconos ,elementos vivos que dieran  identidad a todo un pueblo, y  junto a el, se fueran transformando. En este ámbito su creación más emblemática sea quizás su popular Cabeza de Caballo, ubicada en el corazón de la Ciudad y mejor conocida como El Caballito de Sebastián.

 

"Cuando los dueños del edifico – en cuyo acceso (está) la pieza– me solicitaron un caballito, me mostré reacio  y argumenté que yo era abstracto, no naturalista. Sin embargo al considerar lo valioso del entorno, al estudiar los antecedentes históricos,  (…) decidí irme a los orígenes (…), a los caballos etruscos,  y de ahí hasta Braque. Decidí no hacer un jinete, ni siquiera un caballo completo, sino un símbolo, una cabeza de caballo."[2] 

 

En 1965 Sebastian ganó su primer premio:  el  primer lugar en el concurso anual de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM. Desde entonces ha acumulado centenares de reconocimientos, distinciones y honores, tiene en su haber  cientos de exposiciones alrededor del mundo – Alemania, Bélgica, Brasil, Colombia, España, Holanda, Suecia, Canadá, Estados Unidos, Japón, etc.– e infinitos libros y catálogos dedicados a su obra.

 

Escultor prolífico, cuenta con alrededor de un millar de obras de entre las cuales alrededor de   200  son piezas monumentales ubicadas en diferentes ciudades de México –Tabasco, Nuevo León, Guerrero, Chiapas, Michoacán, Morelos, etc.–, y el resto del mundo –Suiza, Islandia, Estados Unidos, Japón, Brasil, Cuba, Argentina, etc.– .

 

 

Su obra escultórica es única en la práctica latinoamericana, abarca la experimentación de todas las formas, materiales, colores y tamaños. Sus obras son objetos tridimensionales dotados de belleza que nos llevan de la mano  entre el mundo sensible y el de  las ideas. El suyo es un lenguaje único, sebastiano le llaman los especialistas, las sutiles formas de la abstracción, mezcla del estudio de los poliedros, las leyes de las matemáticas y la física,  sus obsesiones geométricas...“Así, Sebastian ha convertido la escultura abstracta no sólo en arte popular, sino en la expresión plástica mexicana por excelencia.”[3] 

 

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Fuentes Consultadas

 

Sebastian. Medio siglo de creación artística. Universidad Nacional Autónoma de  México, Fundación Sebastian A.C., Octubre, 2017, p.351.

http://www.comoves.unam.mx/numeros/quienes/44consultado el 2 de octubre del 2018.

 

[1] Sebastian. Medio siglo de creación artística. Universidad Nacional Autónoma de  México, Fundación Sebastian A.C., Octubre, 2017, p.351.

[2] Ibid, p. 373.

[3] Ibid, p. 333