Saturnino Herrán

 

El 9 de julio de 1887 la ciudad de Aguascalientes vio nacer a uno de los grandes artistas mexicanos del siglo XX:  Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard (1887-1918), hijo único del matrimonio formado por el Sr. José Herrán y Bolado y la Sra. Josefa Guinchard Medina. Referente constante para la escuela mexicana de pintura y  precursor del modernismo, fue el quien sembró la semilla  del muralismo revolucionario.
 
Saturnino fue un niño precoz. Y es que difícilmente exista otra palabra que logre describir con más acierto la vida, obra y muerte de Saturnino.
Ya desde sus primeros años y gracias en gran parte a las inquietudes de su padre a quien fuera  dueño de una librería, poeta, escritor, diputado, inventor y maestro, su vida transcurrió desde siempre,  entre tertulias literarias, música, obras de teatro, libros y poesía, ambiente que le permitió descubrir desde muy joven, su gusto y talento por el arte. Es bien sabido que  desde muy pequeño disfrutaba de dibujar todo lo que veía, en especial la Plaza Central de  Aguascalientes y  las corridas de toros de la Feria de San Marcos, de las que su padre era aficionado. A la edad de 10 años era alumno destacado de José Inés Tovilla y Severo Amador, dos artistas de la Academia de San Carlos radicados en Aguascalientes.
 
Tras el fallecimiento de su padre, Saturnino y su madre se mudaron a la Ciudad de México, en donde el continuó sus estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Años antes de su muerte José Herrán, su padre, en  una especie de  extraordinaria epifanía escribiría El que dirán, una obra de teatro que fue puesta en escena en 1892 en donde el protagonista era un joven  pintor que vive con su madre en la Ciudad de México, y gana la medalla de primer lugar de la Academia, tal y  como ocurriría  con su hijo 16 años más tarde.

La vida de principios del siglo XX en México fue una época violenta, llena de profundos cambios ideológicos, demográficos, industriales y económicos que marcaron hondamente su espíritu artístico. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, Saturnino rechazó una beca para viajar y estudiar en Europa y decidió permanecer junto a su madre, en su taller de la calle de Mesones durante los tiempos de la Revolución.
 

Habitante de una ciudad que se transformaba vertiginosamente, atento observador y conocedor profundo de la gente en su vivir cotidiano, germinó en su plástica un certero entendimiento de la identidad nacional. Los tipos mexicanos y los elementos españoles comenzaron a poblar sus obras en un espectro étnico alejado de la idealización: vendedores, galleros, campesinos, amantes y niños fueron los protagonistas de sus obras, la encarnación de los nuevos mexicanos.
 
"El nacionalismo en Herrán es reconocimiento de la diversidad de lo próximo  y su interioridad. Sus imágenes surgen de las calles y los habitantes de esta ciudad que tanto amó (...) símbolos de un mestizaje que nos constituye. Su nacionalismo es la proximidad de la persona, la presencia de los ancestros en la huella de las cosas. Canto a la dignidad de nuestras culturas, una versión humana de nosotros mismos."[1]
 
Sus obras son una encrucijada en donde convergen  cuerpos desnudos, ojos que enajenan ,intimidad, Mitología, fuerza y fascinación... un original lenguaje pictórico que busca descubrir la belleza esencial a través de la expresión externa de las cosas.
 
A pesar de su prematura muerte a los 31 años debido a una extraña enfermedad que le impedía ingerir alimento alguno y que lo debilitó completamente al punto de la muerte por inanición",  logró consolidar un estilo  muy particular en el que alcanzó un extraordinario balance entre la figuración realista y su valor simbólico. En una carnalidad sugerente  y natural terrenidad,  sus figuras son a la vez etéreas metáforas poseedoras de una gracia inmaterial que enajenan la mirada embelesada del espectador.
 
Herrán fue así, sin saberlo, autor de una singular sensibilidad  que lo  convirtió en el precursor de una nueva pintura mexicana.
 
[1] Herrán, La pasión y el principio, Grupo Financiero Bital, México 1994, p.63

 

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Fuentes Consultadas
 
Fernández Justino, El arte del siglo XIX en México, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1983, pp. 152-157.
Muñoz Víctor, Herrán, La pasión y el principio, Grupo Financiero Bital, México, 1994.
Tovar y de Teresa Guillermo, Repertorio de Artistas en México Tomo II, Grupo Financiero Bancomer, México, 1996, P.154.
 
https://vanguardia.com.mx Fecha de consulta 26 de septiembre
 
López Pedraza, Martha Elisa, Cruz Revueltas, Juan Cristóbal, Modernismo, pasado-presente. El México de Saturnino Herrán. Tzintzun. Revista de Estudios Históricos [en linea] 2015, (Enero-Junio) : [Fecha de consulta: 26 de septiembre de 2018] Disponible en:<http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=89832779005> ISSN 1870-719X