La Capilla del Pocito

Por Rodrigo Rivero Lake

Vista del Valle de México desde la Hacienda de los Morales
Conrad Wise Chapman (1842–1910)
Óleo sobre madera
16 x 24 cm.
México
*Firmado en la esquina inferior izquierda

Galería Rodrigo Rivero Lake

Nuestra hermosa Ciudad de México fue retratada, en esta magní­fica pieza,  por  el artista viajero Conrad Wise Chapman, al bello estilo de las vedute italianas. La veduta (vista) es un género pictórico desarrollado por artistas italianos, particularmente en Venecia, en el que se retrata una vista, urbana o rural, de forma panorámica y con gran cuidado en los detalles,  marcando los sitios tí­picos de la región.
En esta composición se pueden apreciar lugares representativos  de nuestra urbe como el  Panteón de los baños  y el Castillo de Chapultepec.  

 

Siempre importante, a la lejaní­a, se hace presente nuestra querida Villa de Guadalupe:  lugar de culto y peregrinación  desde 1531, año de la aparición de la Virgen morena .

Hoy en día es el santuario más visitado del mundo, solo por detrás del Vaticano. 
Siempre son interesantes y llenas de sorpresas las caminatas que se pueden hacer en la maravillosa Basílica de Guadalupe en el Cerro del Tepeyac de la Ciudad de México.

A mi parecer, de las construcciones de la Basí­lica, la más bella y de las primeras importantes es el pequeño templo o capilla que conocemos con el nombre de El Pocito.
 
Su construcción se inicia en  junio de 1777- mismo año que también se comenzó el bello santuario de Guadalupe en la Ciudad mexicana de Guadalajara- por Fray Antonio Alcalde, usándose para el Pocito la misma roca del enigmático Cerro del Tepeyac.
 
La obra fue encargada al insigne arquitecto Francisco Guerrero y Torres, nacido en la Villa de Guadalupe en 1727 -1792, y quien, para 1767, fue aprobado como maestro en arquitectura.  
 
Tuvo a su cargo la construcción del palacio de San Mateo Valparaíso, casa de los Jaral de Berrio, sede actual del Banco Nacional de México (Isabel la Católica y Venustiano Carranza), del puente y Garita de la misma Villa de Guadalupe, maestro mayor de la Catedral de México, de las obras del Real Palacio y de la obra de Inquisición, en fin es el arquitecto más renombrado y prolífico de fines del siglo XVIII. 
 
Para 1769 empieza la construcción del actualmente llamado Palacio de Iturbide- curiosa casa de la Condesa de Jaral de Berrio.
 
La obra del Pocito le llevó a Guerrero y Torres tan solo catorce años. De su construcción sabemos un sin número de detalles no solo por las grandes y bellas pinturas que cubren sus paredes sobre las apariciones de la Virgen a Juan Diego y su milagro en la aparición, ya que hay numerosos estudios de los que han sido objeto Guerrero, Torres y sus maravillosas obras.
 
El 18 de septiembre de 1783, el arzobispo de México, Don Alonso  de Haro y Peralta, bendijo el templo y el Convento de Capuchinas de Guadalupe, un mes después, mandó colocar en la punta de la cúpula del centro de la capilla del Pocito un cimborrio, esto es, una bella cruz de hierro forjado con una veleta como remate de la linternilla superior para poder informar a todos los visitantes la dirección de los vientos, la cual fue regalada por Don José Antonio Zavala.
 
El nombre de Pocito nace de una fuente de agua que brota de la entrada de la tierra, al pie del cerro y al oriente del antiguo santuario y de  donde nací­a un ligero arroyo, al cual continuamente los enfermos y creyentes asistían a bañarse, buscando  en estas  milagrosas aguas, el alivio a sus males tanto físicos como espirituales. Ya acabada la construcción de esta capilla, se dejó este manantial con un brocal en forma de pozo, el cual hoy está cubierto por pesada tapa alambrada.
 
Su planta está basada en el diseño de una ruina romana, aparecido en la obra publicada por Francisco Villalpando, en Toledo, pero si observamos la obra, apreciamos lo profundamente mexicana que es, el uso de materiales locales como la chiluca, cantera del cerro del Tepeyac y los remates y recubrimientos de la afamada cerámica de Talavera de Puebla, muchos de ellos como largos remates coronando las cornisas del primero y segundo cuerpo.
 

En su interior, no solo los grandes lienzos de Miguel Cabrera nos llevan de la mano por la historia de las apariciones y del milagro mismo de Guadalupe, sino también apreciamos a un humilde Juan Diego postrado, cargando el pálpito, similar a la figura del mismo Juan Diego que sustenta la mesa de oficio de la Iglesia de San Lorenzo en Cuautitlán, iglesia verdaderamente interesante, la cual aparte de estar consagrado el altar principal a  la Virgen Guadalupana y rematada por un guerrero Sn Miguel con espada en piestre, se encuentran a la base de las calles de las estípites los escudos de la nación mexicana . En fin, la Capilla del Pocito es una delicia de detalles y una joya arquitectónica en donde se demuestra y es patente el fino barroco mexicano, realmente sui-generis en estilo, calidad e imaginación creativa .

TODAS LAS OBRAS ESTÁN DISPONIBLES PARA SU VENTA
EN LA GALERÍA RODRIGO RIVERO LAKE 
¡VIS͍TENOS!