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La puerta negra no es la culpable...

Puerta de palacio real
Piedra y madera de teca con aplicaciones en bronce
Siglo XVII
Gujerat, Rajasthan, India
Creo que la puerta es uno de los más significativos objetos de uso diario. Es tan necesaria una puerta que de una forma u otra, en todas las presencias del hombre en la tierra, nos es indispensable.
La tenemos a la entrada del cielo, donde su guardián es el mismo San Pedro, a quien Dios comisionó la construcción de la iglesia, iglesia que por su solidez será de piedra como su nombre lo indica: Petrus. Y es desde ese momento, en el que empieza la solidificación de la iglesia misma, que Pedro ya porta en sus manos las llaves de esa construcción que apenas se está gestando; las usará para abrir y cerrar las puertas de la misma religión y del cielo, del cual se le ha  comisionado tan celosa salvaguarda. Curiosamente, la contraparte en la idea del Infierno también menciona una puerta que será representada por las fauces abiertas de un gran demonio.
Las ciudades mismas también tendrán sus puertas de acceso, las cuales celosas, no sólo guardarán la integridad de sus habitantes, sino  también los protegerá contra acechos y sitios por parte de los enemigos; aunque ante la posible victoria de los que a esta ciudad acechaban, será por la misma puerta, a través de su arco triunfal, que tomarán la ciudad.
 Con estas ciudades medievales me llega a la mente el recuerdo de la que yo considero la primera guerra psicológica y que es del gran Giovanni delle Bandere Nere, integrante en cuarta generación de la afamada estirpe de los Medici, señores de Florencia siendo él el más temido y uno de los últimos Condottiero o militar a la paga. Cuando sitiaba una ciudad, sobre su puerta dejaba una nota que por cada periodo de tiempo que la ciudad se resistiera, el haría matar a uno de cada diez  habitantes que fueran apareciendo por dicha puerta, con la advertencia de que al terminarse el plazo dado, serían dos de cada diez habitantes, y así sucesivamente, para ejercer una verdadera presión psicológica sobre los observantes sitiados. No sólo les haría escasear alimentos frescos, sino que también haría pasar, día y noche, un bello corcel negro con un jinete también vestido de negro, al igual que todas sus tropas, enarbolando una gran bandera negra para difundir el mensaje de la ejecución de uno de cada diez. Posteriormente serían dos caballos, tres, o cuatro, para que el temor a esa muerte les convenciera a la entrega de la ciudad, la cual era tomada con siempre, el bravo Medici, al frente de sus huestes.
No hay civilización ni religión que de una u otra forma no toquen este tema: Las puertas de Babilonia, las puertas de Ur en Mesopotamia, las ciudades santas de Mecca y Jerusalem. Mencionemos también la predicción en Macbeth de no ser derrocado hasta que el Bosque llegará a las puertas de la mismísima ciudad.
"Puerta adquirida de la colección Rodrigo Rivero Lake. Adosada a una casona en Arizona, Estados Unidos."
Me han llamado la atención el uso de la puerta para simular engaño, sería este el caso de las puertas con dos postigos o puertas pequeña centradas sobre los grandes portones de las ciudades o casas fortalezas en todo el mundo medieval, donde uno es funcional y el otro, geométricamente decorativo para mantener el balance óptico, un simplemente  adorno.
También debemos mencionar las puertas falsas que se encuentran en las tumbas egipcias, que tenían el propósito, de acuerdo a nuestras suposiciones, de engañar a los que pretendían profanar ese recinto de paz y descanso eterno. En ellas se encontraba la verdadera cámara mortuoria: el que cayera en el engaño, perfectamente disfrazado con los sellos rituales característicos y toda la faramalla necesaria, trabajaría en balde ya que estaban recargadas o sobrepuestas sobre la roca directa, o presentaban diversas trampas. No es de dudarse que también cumplieran con alguna función ritual y religiosa dentro del maravilloso mundo religioso egipcio, que sin temor a estar equivocado, es la fuente de la cual abrevaron muchas otras religiones posteriores en forma y fondo.
La puerta sigue siendo en la literatura tema principal, inspirador e imaginario, pues en ella se toca el deseo de que nos sean abiertas las puertas del amor y la felicidad; y con pena se señala el estar en el umbral de la puerta de la bancarrota, de la miseria e inclusive, de la misma muerte.
Es a  esa muerte la que nos describe P.D. Ouspensky como otra puerta que está aquí mismo, en cualquier momento y situación,  y que al ser abierta caeremos en otra dimensión, que no es otra que la muerte.
A mi personalmente siempre me han despertado curiosidad las puertas, y en estos años de comprar cosas para su venta, no he podido dejar pasar y adquirir, como una puerta entrada de una ciudad con 9 mts de altura, de recia madera de Teca que presenta a cierta altura cinturones de metal de donde se afianzan picudas salientes cuya función es evitar, lastimando a los elefantes, que quisieran derribarla, con un grueso marco tallado de tema floral de finales del siglo XV; otra acorazada, cubierta de metal y un marco bellamente tallado en piedra viva, con el romanticismo de los artesanos de la India.
Orgullosamente la extraordinaria fantasía de nuestros artesanos mexicanos también se manifiesta en las maravillosas puertas que nuestras ciudades coloniales nos presentan. Destacan las puertas de los Palacios de la familia Jarral de Berrio, hoy las dos centrales del Banco Nacional de México, en una de  las calles de Isabel la Católica y Venustiano Carranza, y la otra en El Palacio de Yturbide sobre la peatonal calle de Madero, que fue construida por el célebre arquitecto Guerrero y Torres para el príncipe Italiano Moncada, pero pagada por su esposa Jarral de Berrio; y  San Mateo Valparaíso cuyas puertas bellamente talladas fueron traídas de nuestras Islas Filipinas, Capitanía general de la Nueva España.
Puertas puertas y puertas son las que salvaguardan cualquier cosa y objetos que en torno a ellas se inventan y desarrollan: las formas de bisagra que nos debe de dar la idea de la procedencia y época de las mismas, las chapas que se convierten en muchos lugares y épocas en un objeto suntuoso, y no olvidemos esas cosas que al abrirnos la puerta y quedar con la pregunta ¿Cómo la lograste abrir? su respuesta es: ¡Ya ... ves !
Recientemente vendí una de las llaves más curiosas que he tenido, la denominada de Gentilhombre, misma que se usaba como un salvoconducto para poder entrar directamente a las habitaciones reales y así poder notificar al monarca alguna noticia de importancia, la cual seguramente le pudiera salvar la vida. La llave en cuestión que tuve era la del Emperador Maximiliano Primero de México.
Tema musical preferido mío, donde en una redova norteña culpamos a la puerta del distanciamiento de un amor y termina diciendo: La puerta negra no tiene la culpa.
Puerta de una Ciudad
Madera de teca, picos en fierro (Evitar embestida de elefantes)
Siglo XV - XVI
Maharashtra, Norte de India
Puerta 8.40 x 4.70 M.
Claro  3.90 x 2.48 M.
 
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