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Navidad

Campanitas de Belén,
tocad al Alba que sale
vertiendo divino aljófar
sobre el Sol que della nace,
que los ángeles tocan,
tocan y tañen,
que es Dios hombre el Sol
y el Alba su madre:
din, din, din, que vino en fin,
don, don, don, San Salvador,
dan, dan, dan, que hoy nos le dan,
tocan y tañen a gloria en el cielo
y en la tierra tocan a paz.


–Lope de Vega–

 
Virgen María y San José
Talla en madera, encarnada, estofada y policromada
Guatemala
Siglo XVII
Galería Rodrigo Rivero Lake

Niño Jesús
Talla en madera policromada

Galería Rodrigo Rivero Lake
Navidad, esas bellas fiestas llenas de ilusión para la gran mayoría, y que afirman en lo sustancial, a la región católica, ya que es el nacimiento del niño Jesús. Éstas celebraciones están arraigadas en los ambientes más cerrado de la familia, en lo más hermético de los hogares donde son conmemoradas  en forma austera.

Así, estas festividades nos llevan de la mano por toda la literatura, encontrándola como tema tanto en poemas del mismo Lope de Vega -quien relata la llegada de los Reyes Magos-como en la poesía y los cantos que llamamos villancicos y que, durante la colonia, aparecieron en célebres manifestaciones que la iglesia organizaba entre sus adeptos, para darle uso y gala a todas sus fiestas a hacer partícipes a sus fieles.

Las bellas figuras talladas en madera representando a la Virgen y San José, ambos apostados ante el pesebre, eran ricamente doradas y  estofadas; las más bellas eran traídas desde Guatemala. Las piezas se hacían siguiendo las técnicas de la escuela sevillana y se hallaban presentes en toda casa o templo virreinal. Cualquier pintor celebre o aprendiz abordaba el tema de la Natividad, la adoración de los pastores y los Reyes Magos, imágenes que formaban parte de los palacios y templos, en las que se puede apreciar los diestro del pincel y la técnica de su ejecutor.
 
Cuando hablamos acerca de la Navidad es imposible no referirse a San Nicólas. La globalización ha logrago que a casi todos nos resulte familiar la imagen comercial de Santa Claus, esa imagen que se replica alrededor del mundo en donde se le ve vestido muy festivamente, todo de rojo con peluches blancos en mangas y pantalones, lo mismo que el gorro; que vuela por los cielos en un trineo jalado por simpáticos renos, entre los cuales está el celebre Rudolf, de las narices rojas, cuya melodía acompaña siempre a nuestro querido Santa, quien por cierto entra sin nunca mancharse por el tiro de las chimeneas.
 
Pero démosle un vistazo a la verdadera historia de San Nicolás. Nos dice la célebre leyenda dorada que el nombre de Nicolás viene de Nikos, Victoria y Laos, pueblo, o sea, “ vencedor del pueblo”, entre una de sus múltiples aceptaciones.
 
Nicolás nace en Patras, en el Oeste de Grecia, en una familia adinerada. Se dice que justo al nacer, el niño ya ya se sostenía en pie dentro del lebrillo en que lo bañaban. De joven huyó de las diversiones. Su vecino, que era muy pobre, tiene tres hijas a las cuales pretendía iniciar en la prostitición por no tener dinero para su dote; al saberlo, Nicolás le arrojó por la ventana en la talega de monedas de oro para poder sufragar este coste, y es por ello que aparece con un plato y tres palomas blancas,  que son las almas de las mujeres que salvó y mantuvo puras.
 
Al morir el obispo de Myra, los prelados querían votar por quien fuera el nuevo Obispo. Por la noche, Dios le dijo a uno de ellos que al amanecer llegaría a la iglesia un joven llamado Nicolás y que élsería el elegido por Dios, cosa que así sucedió y por ello pues mejor Obispo que se ha elegido de esta ciudad.
 
También salvó a varios niños de ser hervidos, por lo que se originó el cariño y entrega a éstos, ya que eran unas criaturas muy mal portadas cuyo castigo sería muy cruel. Así, lo encontramos en muchas fachadas de iglesias o de portadas dedicadas a su nombre y persona, como es el caso de una de las plazas que dan a la iglesia de Santa Veracruz, donde hoy se encuentra el museo Franz Mayer, y cuya fachada lateral así lo representa.
 
No debemos olvidar que estas celebraciones han ido de la mano de la historia de México. Todo virrey y toda gente de valía, debía debía asistir a las festividades de la natalidad en el gran Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, capital de Virreinato o de cualquiera de las grandes catedrales o iglesias de toda nuestra América hispana, donde hasta hoy se sigue celebrando con gran pompa ésta, la más importante fiesta del cristianismo.

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