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La palabra y el cosmos

 

"Tú eres el sol, tú eres la luna; tú eres el aire; tú eres el fuego; tú eres el agua, el éter y la tierra; tú eres el Yo. Así es como te describen, restringiendo tu naturaleza.Pero no sabemos de ningún principio o elemento que no seas Tú".

Shiva Nataraya
Bronce
India
58 x 42.5 cm.
Galería Rodrigo Rivero Lake

 

La palabra, ese maravilloso sonido, vínculo que nos une y nos separa, sonidos que nos comunican desde nuestro interior más profundo hacia afuera, logrando hacernos externos a nosotros y  nuestros pensamientos; con ellas podemos penetrar al interior de personas ajenas y hasta desconocidas; realizarnos con ellos y en ellas, desarrollar conocimientos. El gran amor que al saber, que en griego se denomina Sophia, nos permite controlar a través de la palabra misma , de su significado y su significantes, el conocimiento de la sabiduría; nos permite avanzar en la ciencia; nos lleva de la mano por el camino del arte, el cual nos concede estar presentes ante el macrocosmos, alegrando, profundizando y ensanchando con esa unión, nuestro microcosmos. La interpretación que podemos dar a las palabras traducidas a otro lenguaje, nos permite viajar a donde éstas  nos llevan,  por la música cuyas deleitables melodías existen palpitante dentro de nosotros mismos, comunicando nuestro ser con la creación, con la alegría o la melancolía, con el universo mismo, con todo lo exterior a nuestro sentir, vivir y expresar, con aquello que nos rodea en todos los planos. La magia de la palabra nos permite nombrar el amor y sentirlo al momento de poder exteriorizarlo, al decirlo; a Dios, sus creaciones y sus infinitas regalos. Nos permite conocer todo y nombrarlo como para hacerlo una parte de nosotros, para poder apropiarnos de todo lo mencionable, incluso hasta para sentirnos con poderes sobre ello. Así, las palabras se tornan mágica, nos predicen, nos realizan; nos sitúa en el presente, nos transportan a momentos pasados, nos prometen un cambiante futuro.

Nos dicen la sagradas escrituras, en el génesis del viejo testamento, que el creador dijo “hágase la luz”, y de ese verbo, la luz se hizo; llamó al día, día; a las tinieblas, noche; nombró a la tierra y al agua, y en seis días todo lo visible e invisible. Todo  lo podemos llamar El verbo mismo, el verbo creativo por excelencia, la acción pura; ya que Dios Es. Y así el Señor, diciendo tan sólo una palabra, la cual al interactuar como verbo creativo, se ejercitó, se realizó; con la acción de la palabra “hágase”, esta vibración materializó el cosmos, creó nuestro universo; con esta palabra se formaron las galaxias, los planetas, todas las lunas y los soles. Al sexto día, el Señor creó al hombre a imagen y semejanza suya, y a este hombre lo ha vuelto Dios y demonio, tan sólo a través de la palabra. ¡A ese gran hombre de semejanza divina!, pero tan débil que de su costado creo a la mujer, su compañera maravillosa, espejo, la realizadora de su amor.
El Nuevo testamento según San Juan dice: “El verbo era Dios“.

Dios Padre
Talla en marfil
14.5 x 10 cm
Galería Rodrigo Rivero Lake

También es una sola palabra. En la religión Indostana, lejana y antigua, pero tan presente en la humanidad,  existe en una palabra el concepto de la creación, de Dios, del cosmos; es tan escasa pero tan expresiva y vibrante. La palabra “Ohm”, la mágica, la santa, la creativa, la vibración eterna. Palabras que en el microcosmos del ruido interior del hombre se convierte en arritmias cerebrales, que nos permiten entrar en un estado de paz, de esa paz interior tan anhelada. La técnica repetitiva silenciosa de algunas palabras, nos abrirá y llegará en cuerpo y alma al universo externo, con las técnicas de meditación y esas palabras que genéricamente denominamos mantras, y que escuetamente, tan sólo son sonidos o palabras creadas por nosotros, desde nuestro interior. Estas propias vibraciones nos llevan a estados sublimes, conectando en nuestro interior con la ciencia cósmica divina, con el todo, o con la nada absoluta.

Tan sólo son sonidos o palabras interna creadas por nosotros, desde nuestro interior. Éstas propias vibraciones nos llevan a estados sublimes, conectando nuestro interior con la ciencia cósmica divina, con el todo, o con la nada absoluta.
 
Con estas ideas expuestas, y con base en estos antecedentes, daremos un sutil viaje descriptivo por una de las figuras que más me han llenado de pensamientos interesantes sobre la vida y nuestras actitudes: la figura del Dios Shiva en su actitud deNatarasha, conocido también como el señor de la danza cósmica, piezas del panteón hindú que por su enorme profundidad y gran trascendencia en mí pensar, quiero compartir con ustedes y analizarla conjuntamente. Esta pieza danzante se encuentra sobre una flor de loto para simbolizar las aguas de donde emerge un enano, sobre el cual se encuentra parado en signo de dominio; este es el enano de la ignorancia, llamado Makara, donde sale el aura de fuego que rodea a la figura del danzante dios Shiva, dios creador, preservador y destructor del mundo.
 

La posición de su cabeza, de su pie levantado. Con el movimiento de su cuerpo dibujan la simbología de la palabra  “Ohm”. De esos cuatro brazos, el de la mano superior derecha tiene un pequeño tambor cuyo rítmico palpitar llevar el movimiento del cosmos; el palpitar de las estrellas, el latir de nuestros corazones, el paso del tiempo por el espacio, en fin, el palpitar de la vida misma, esa melódica realidad, ese tiempo que tira un velo a través de la cara de la eternidad, proyectándose así la temporalidad del mundo. La mano izquierda extendida contienen la flama de la luz espiritual que quemará este velo de la eternidad, dándonos una semblanza del mundo y demostrándonos la falsedad de lo eterno.


La segunda mano del lado derecho presenta una mudra  –posición cuyo mensaje nos dice que debemos de disipar el miedo– pues mientras estés sonando el ritmo de su tambor, se está ejerciendo el verbo y la vida existe y continúa. De la mano izquierda atraviesa su cuerpo en la posición de elefante, significando la enseñanza, pues por la jungla donde ha pasado el elefante o maestro se encuentra el aire en forma graciosa, simbolizando la liberación, mientras que la pierna parada sobre el enano de la ignorancia nombra el descuido u olvido, el cual lleva a las almas al torbellino del renacer. Llena de muchas mas simbologías, esta maravillosa figura nos demuestra que la vida y la continuación de ella, la eternidad y el saber, se encuentran existentes por la palabra, por el verbo o movimiento en el ritmo de un tambor.

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