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San Miguel Arcángel

Por Rodrigo Rivero Lake

San Miguel Arcángel
Óleo sobre lienzo 
Siglo XVIII

 

1.68 x 1.37 m

Colección Rodrigo Rivero Lake

San Miguel Arcángel es el defensor del pueblo de Dios contra el demonio. De entre los siete arcángeles es el de mayor jerarquía y su nombre Miguel, presente en las Santas Escrituras en cuatro ocasiones, significa en hebreo Quién como Dios, y es el grito de guerra de los ángeles en la batalla contra el demonio y sus seguidores.

San Miguel de Allende, San Miguel del Milagro, San Miguel Totolapan, San Miguel el Alto, San Miguel Tocuila, San Miguel Aloápam, San Miguel Chapultepec... la lista es infinita. Los nombres de los lugares son fiel reflejo de su historia. Muchos son los pueblos cientos de ellos en toda América, que  conservan orgullosos el nombre de San Miguel Arcángel. Desde los primeros años de evangelización el Arcángel San Miguel fue estampando su presencia a lo largo de nuestras tierras novohispanas y de toda América: lo encontramos en retablos, canciones populares, esculturas, lienzos , altares y en el nombre de tantos hermanos y amigos.

Fue precisamente él, como “capitán general de las huestes celestiales” y ataviado siempre con sus armadura de guerrero -a veces como centurión romano-, quien se convirtió en el principal guerrero y defensor de los hombres de fe. Y es que no sólo ha venido disputando, desde el principio de los tiempos,  una lucha infinita entre el bien y el mal, enfrentando y venciendo a Lucifer en varios momentos, sino que además es el encargado de encaminar con bien las almas de los fieles difuntos al paraíso celestial, y es quien peleará y matará ferozmente al Anticristo y dará voz para que los muertos resuciten.

San Miguel combatió, desde el momento en que pisó tierras americanas, a las fuerzas demoníacas encarnadas en las deidades prehispánicas y adquirió rápidamente un lugar privilegiado en el proceso evangelizador de la Nueva España, especialmente en el quehacer de las órdenes mendicantes, con un lugar destacado en el culto franciscano debido a la especial devoción que San Francisco le profesaba.

La devoción que aún hoy en día despierta en todos los rincones de nuestro país es prueba fiel del proceso de sincretismo religioso que tuvo su inicio desde los primeros años de la conquista con los pobladores prehispánicos y que impregnó, posteriormente, la religiosidad del naciente pueblo mestizo. San Miguel Arcángel se reconoce particularmente en la cosmovisión mexicana como una figura relacionada al clima y a la actividad agrícola, es popularmente conocido como el Santo protector de las cosechas. Para los Tepehuas, por ejemplo, es el Santo patrono de los elotes, mientras que en Chicontepec se cree que los muertos, en tanto ayudantes de San Miguel, son los encargados de proteger de las plagas cosechas y plantas, así como de mantener los sembradíos húmedos.

Esta asimilación de San Miguel Arcángel con los elementos climáticos (especialmente el agua) y la agricultura no es gratuita, por el contrario, deriva de los milagros realizados, así como los sitios donde tuvieron lugar sus apariciones y donde posteriormente, al ser considerados lugares sagrados, se desarrolló el carácter del culto en tierras europeas. El mejor de los ejemplos lo encontramos en su segunda aparición: en un lugar llamado Tumba, situado a la vera del mar, San Miguel le ordenó al obispo del lugar que construyera un templo en su nombre, poco después de la edificación advirtieron que no había agua potable en los alrededores, siguiendo las órdenes de San Miguel, se hizo un agujero en una roca  de la cual  inmediatamente comenzó a correr  copiosa cantidad de agua, de la que aún se sirven hoy en día los lugareños. El templo fue erigido en un terreno que emerge en medio del mar, y se dice que cada año en el día de San Miguel, las aguas se retiran, por la mañana y por la noche, dejando un camino abierto a los fieles para poder caminar desde tierra firme hasta las puertas del templo.

En México la figura prehispánica de Tláloc , dios de la lluvia, fue asimilada por la de San Miguel Arcángel, rindiéndole devoción en los antiguos lugares ya sagrados para los habitantes prehispánicos como cerros, cuevas, ríos, etc.

En el año de 1631, en San Bernabé, Tlaxcala, San Miguel Arcángel hizo su primera aparición en tierras mexicanas, en la que se cuenta, ordenó que se le construyera un templo, debajo de un peñasco en donde encontrarían una fuente de aguas milagrosas.

Cada 29 de septiembre en este templo, como en muchos más a lo largo del país, el cielo se inunda con su airada presencia en el repicar de las campanas en honor a San Miguel.

Fuentes consultadas
De la Vorágine, Santiago, La leyenda dorada, 2. Alianza Editorial, S.A.
Madrid, 1982. Pp. 620-630

www.aciprensa.com, consultado el 13 de septiembre del 2018.